jueves, 6 de mayo de 2010

Clarín, en caída libre.

Crítica de medios. Política nacional. Bitácora del ciudadano de a pie.


En la caída, Clarín se lleva puesto a cualquiera.


Desde el primer día en que se lanzó la nueva operación de prensa contra el Gobierno, e temal de los negocios de empresas argentinas en Venezuela, apareció claro para mí y así lo expresé aquí mismo, que los grupos del poder económico y mediático de Argentina no vacilaban, en esta nueva operación, en involucrar a los empresarios argentinos. Fue claro para mí y así lo expresé aquí que el mensaje del poder mediático para con los empresarios era claro: si hacen negocios con Venezuela, los haremos mierda desde nuestros medios. También apareció con la transparencia de lo evidente que la campaña de prensa era simultánea y sincronizada entre los medios venezolanos opositores a Chávez y los medios argentinos opositores a Kirchner. O sea, era y es una típica campaña SIP, o sea CIA.

Uno de los primeros convenios firmados por Kirchner y Chávez, en el 2003, abrió la posibilidad de que empresas argentinas hicieran negocios en Venezuela, por un monto de 300 millones de dólares. De ese modo, alimentos y maquinarias de producción nacional ingresaron en el mercado venezolano. Fue, sin duda, uno de los primeros éxitos del gobierno kirchnerista, en un año en el cual Argentina recién comenzaba a salir del infierno al que había sido arrojada tras un cuarto de siglo de neoliberalismo brutal. Los contratos se realizaron en tres etapas, pudiento los empresarios nacionales hacer negocios por un total de 340 millones de dólares. Las formas operativas, la realización, la concreción de estas operaciones no tenían porqué escapar a las generales de los modos internacionales para el arte de hacer negocios. Formas operativas que comprenden financiación, transporte, seguros; es decir, un proceso de realización de negocios que implica necesariamente un estudio fino de costos, ya que en todo el proceso hay que oblar comisiones de diverso tipo. De las incluidas en los contratos y por lo que se extienden recibos, y de las otras. En otras palabras: lo corriente sobre este tipo de negocios. Aquí y en la China. En el primer mundo y en el tercero.

Algunos empresarios pymes pudieron realizar negocios convenientes para sus empresas; otros, no. Pero el balance fue, en definitiva, la realización de ese convenio comercial que benefició a algunas empresas pymes nacionales.

Como dije en la entrada anterior, hubo en su momento una típica investigación Lanatta, secundada por otros periodistas que colaboraban en esos años con el periodista estrella, que consistía, básicamente, en tratar de descubrir la existencia de comisiones por izquierda, tanto aquí como allá. Unaen típica investigación Lanatta es como se sabe, un fatigoso trabajo de semanas de investigación en la busca que busca casas suntuosas, yates, aviones, un exposición pública de cinco minutos y el inmediato olvido. En este caso en particular, la investigación apuntaba a descubrir, lo digo de una, el agujero del mate.

La investigación Lanatta fue en el 2005, se publicó en Perfil y pasó al olvido. Dos años despúes, a raíz de la denuncia de un particular, se inició una investigación en la Defensoria del pueblo, que se prolongó hasta 2008. Hoy se supo, por publicación en Página/12, que

“En el sumario que instruimos durante casi un año y medio, entre junio de 2007 y noviembre de 2008, no percibimos ninguna irregularidad. De esa manera, le propusimos, junto con la otra abogada sumariante, la doctora Mariana Laura Grosso, al jefe de área y al defensor del Pueblo, Guillermo Mondino, el cierre del expediente. Ambos estuvieron de acuerdo y firmaron el archivo del sumario sin que se realice ninguna denuncia penal. El doctor Mondino no manifestó en ese momento las dudas que hoy expresa ante la prensa ni realizó ninguna manifestación en cuanto a que le parecían elevadas las comisiones pagadas.” En resumen, ese fue el testimonio que ayer prestó la abogada sumariante de la Defensoría del Pueblo, Julieta Ghioldi, ante el juez federal Julián Ercolini y el fiscal Gerardo Pollicita, en la causa por supuestas coimas en la exportación a Venezuela de maquinaria agrícola y otros bienes industriales.

fuente: Raúl Kollman: Mondino no mostró ninguna duda, Pagina12


Esta declaración citada en la nota de Página12 se produjo en la causa judicial abierta en el 2008, que durmió hasta ahora cuando, el ex embajador Eduardo Sadous luego de seis años, decide hablar, dicho en el lenguaje de medios, de coimas y diplomacias paralelas.

La causa judicial no tiene ningún destino. Provocará la incomodidad -personal y social- a los empresarios que participaron de los negocios, lo cual de seguro no ha de agradar nada a éstos, cuyo placer no radica en perder el tiempo en los tribunales sino estar al frente de sus empresas e imaginar nuevos negocios. Pero esto le importa nada a Clarín y La Nación. Todo lo contrario: más allá de utilizar esta causa para producir ruido mediático, aprovechan para dar un mensaje a los empresarios argentinos: hagan negocios con Venezuela y no dudaremos en llenarlos de mierda hasta que se fundan.

Por otra parte, la explotación mediática se hizo en forma simultánea con los medios venezolanos que furiosamente se oponen a Chávez desde hace ya una década. Esto no es casual, por supuesto. Encaja en una ofensiva antichavista lanzada desde el Imperio y está destinada a abortar -por las buenas o por las malas- los procesos de integración política en Sudamérica así como también los procesos nacionales en la región que buscan los modos de zafar de las ataduras imperiales. Chávez, sin duda alguna, marcha a la cabeza de esa movida continental y es contra él que se lanzan contraofensivas antichavistas.

En nuestro país, donde no existe ni por asomo nada que se parezca al chavismo, se ha desatado desde los medios un furioso antichavismo. ¿Cómo se supera esta paradoja? Pues echando el mote de chavismo al kirchnerismo. La acusación no resulta verosímil para ninguna cabeza pensante, pero, como es fama, no suelen ser pensantes las cabezas que se "informan" de la realidad a través de los titulares de los grandes diarios, a los que recurren, cuando lectores, luego de agotar la lectura de las notas de deportes o faranduleras, o, cuando transeúntes, al pasar raudos ante los quioscos de diarios, todas las mañanas y relojear los titulares. Así, los medios, Clarín y La Nación principalmente, operan antichavismo para "combatir" un chavismo cuya existencia, aquí, es sólo virtual. Necesitan hacer del kirchnerismo una suerte de chavismo para poder hacer antichavismo, en coordinación con los medios monopólicos de todo el continente. Esta incongruencia es una prueba evidente de que operan a las órdenes de remotos estrategas de propaganda continental.

Por supuesto, los hombres y muejeres que ya hemos vivido lo suficiente como para saber de estas cosas, tenemos en claro cómo operan los medios cuando quieren socavar a un gobierno. Tal vez el caso más emblemático de este modo de operar sea el de los pollos Mazorín en los tiempos de Alfonsín. Pero, de todos modos, aunque con el poder cuestionado, los medios hegemónicos siguen teniendo poder de instalar cualquier tema a la hora de esmerilar a un gobierno.

Hay momentos en los que me pregunto si las acciones cada día más burdas que llevan a cabo Clarin y La Nación desde sus páginas no son acaso producto de la debilidad, de la desesperación. No debe olvidarse por un instante que sobre la propietaria de uno de los medios, Clarín, pesa -¡nada menos!- una sospecha grave, gravísima, como es un delito de lesa humanidad, lo cual justificaría, de algún modo, la insólita recurrencia de ese medio a la mentira más burda, a la desinformación, a la tergiversación, cuando no al insulto liso y llano.

El texto de la nota de Ricardo Roa de hoy en Clarín es verdaderamente patético. Comienza el editor de Clarín con este concepto:

El imperialismo yanqui es como Dios: está en todas partes. Y ahora, según Hugo Chávez, anda detrás de la investigación de las supuestas coimas en el comercio de la Argentina con Venezuela. "No quiere que nos unamos", dijo. Fue casi un calco de la explicación que el gobierno argentino había dado hace 33 meses, cuando se destapó el caso de la valija de Antonini. Aquella vez la culpa fue del FBI.

fuente: Clarín, Ricardo Roa: Chávez, Kirchner y el imperio


Es increíble. No sé cómo una persona puede cometer tal pecado de estupidez, como es exponer, él mismo, los argumentos en su propia contra. El ejemplo que Roa eligió para la comparación (la valija de Antonini Wilson) no pudo ser más acertado: De eso se trata, señor Roa: de que la prensa hace treinta y tres meses que fogonea el caso Antonini Wilson como muestra de corrupción cuando ni siquiera existió delito alguno en ese caso. Ese caso, que fue la obsesión de La Nación durante meses y meses, largos meses, no importa ningún delito en Argentina. Sirvió y sirve para improvisar títulos de esmiralado constante. Pasto para la gilada. Engorde para la gilada. ¡Exactamente señor Roa: la comparación no pudo ser más feliz! Ni la valija de antonini Wilson, ni las comisiones pagadas por los empresarios argentinos que exportaron a Venezuela son objeto de delito alguno. Son nada más que materia prima para la tarea de socavar a un Gobierno. Dos en este caso.

Así les va: la credibilidad en caída libre. Si el axioma cuasi mafioso de que ningún gobierno resiste tres tapas de Clarín en contra fuese cierto, ya tendríamos que ir pensando en un corolario: si un gobierno resiste doscientas tapas de Clarín en contra, es altamente probable que Clarín termine por convertirse en una cloaca al mejor estilo de la prensa venezolana. Todo el mundo recuerda el papel de la prensa venezolana en el golpe de abril de 2002. En esos días, nuestros medios, incluídos Clarín y TN, eran una suerte de Granma al lado de los diarios y canalas de tevé venezolanos. Pues bien, están a punto de convertirse en eso, en una cloaca.

Lo de la tapa de ayer miércoles fue escandaloso, para usar un término justo aunque devaluado por Pino Solanas. Hubo el martes cuatro acontecimientos que podían disputar la tapa de los diarios: el nombramiento de Néstor Kirchner como Secretario de Unasur, el encarcelamiento de Martinez de Hoz, la situación grave en Grecia y la media sanción en Diputados de la ley que modificó los artículos del CC que impedían el casamiento entre personas de un mismo sexo. Y sin embargo, Clarín metió en tapa lo siguiente: Ignoraron alertas oficiales por las compras a Caracas. Y hoy mete en tapa la detención de un tipo en la "causa de los medicamentos" que, según comentaron los periodistas radiales ayer, se trataría de un extorsionador profesional, con el título de: Fue preso un importante aportante de dinero a la campaña K. No se puede ser más burdo.

Lo más desagradable de este caso, sin embargo, es el apriete, el apercibimiento que Clarín hace, de hecho, a los empresarios argentinos. El metamensaje es claro: no hagan negocios con Venezuela porque los consideraremos objeto de la diatriba pública. Feíto, che. Muy feíto.

De todos modos, ¿para qué negarlo? Esta contienda es apasionante para el ciudadano de a pie, que observa el desarrollo de una guerra que crece en intensidad y en la que una de sus partes aumenta la suciedad día a día. Es apasionante por una única razón: ¿Quién la ganará?

Si la gana el Gobierno, no sé, hoy, cómo será la evolución de la política argentina. Si se limita este interrogante a lo cultural, tengo grandes esperanzas de que el desmantelamiento de una estructura de dominación de la opinión pública pueda permitirnos salir, a la larga, del embrutecimiento cultural en el que se encuentran inmensas mayorías del pueblo desde hace décadas y que tiene en los Tinelli y los Fantino sus exponentes más brutales. Siempre creí que la ley de medios producirá más efectos positivos en lo cultural que en lo político. Aunque ambos aspectos de lo cultural -los cultural nacional propiamente dicho y lo político- son expresiones que se manifestan juntas, de alguna manera lo político está determinado por lo cultural propiamente dicho. Con masas adormecidas, o desinformadas, poco avanzará la conciencia política.

Si por el contrario ganan esta guerra de poder los grupos que durante décadas monopolizaron las herramientas de adormecimiento cultural del pueblo y durante décadas operaron para la instalación del Relato de Dominación que les permite seguir usufructuando los privilegios del poder, entonces el retroceso será enorme. Tal vez no dilatado en el tiempo, ya que la crisis del capitalismo y el discurso único del neoliberalismo estalla por todas partes y todos los días. Pero aquí será un retroceso penoso.

Así que, más allá de lo apasionante que esta batalla es para el ciudadano de a pie que la observa como testigo, no está demás participar activamente en esa batalla, en lo que se pueda, para sumar fuerzas para empujar al fondo del abismo a los medios que tanto, pero tanto daño nos han hecho como nación y como pueblo durante cuatro décadas.

Los propios medios, tras haber ingresado en la guerra sucia, colaboran con ese propósito: en efecto, cada día nos resulta menos trabajoso hacerle ver al compañero de trabajo, al vecino, al compañero, la falsedad en la que se mueven los medios.


Alfredo Arri.

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1 comentario:

  1. ¡Qué placer leer esta entrada!.
    Impecable y certero, como siempre. Gracias, Theo.

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