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jueves, 12 de agosto de 2010

¿Qué es un Magnetto?

Medios. Latinoamérica.

Héctor Magnetto
o el descubrimiento
del agujero del mate.



Muchos argentinos recién se desayunan de que los medios masivos de comunicación son la plataforma ideológica de los grupos económicos de poder concentrado. Que los llamados diarios hegemónicos no son otra cosa que la forma de la propaganda destinada a mantener sus beneficios económicos. Que cuando un Héctor Magnetto reúne en su casa a políticos más o menos díscolos, más o menos obedientes, es con el fin de disciplinarlos en beneficio propio. Que, como consecuencia de todo esto, los empresarios mediaticos se cagan olímpicamente en la verdad informativa, en la libertad de expresión y en el derecho a la información.

Quienes venimos denunciando desde hace años este piscopateo de masas que ejercitan los medios masivos de comunicación insistimos, también, que este es un fenómeno universal. Que se da en todas partes, bajo idénticas formas y con idénticos propósitos.

Una prueba de ello es un artículo que con la firma de Fernando Buen Abad Domíngues Santos reproduce hoy Rebelión y un enlace al cual dejo aquí, al final de la cita. De ese texto reproduzco aquí los dos primeros párrafos, cuya lectura dará inmediato deseo al lector de recordar dos lugares comunes del lenguaje coloquial: Uno: En todos lados se cuecen habas; y, dos, cualquier parecido con la realidad [no] es pura coincidencia.

Leemos en los dos párrafos del mencionado artículo:

Nada expresa mejor las ambiciones de poder, incubadas por los monopolios mediáticos burgueses, que “acomodar” en los cargos públicos a sus cachorros. Es ya un lugar común, en las ensoñaciones de protagonismo que abrazan los empresarios mediáticos, convertirse en “políticos” capaces de reunir en sus oficinas (y rentablemente) lo que ellos entienden por gerencia de lo político y gerencia de la farándula. Anhelan gobernar una pasarela del poder que borre las fronteras entre lo público y lo privado para que todo sea negocio. Esa lógica gerencial neoliberal es, por ejemplo, la que reina en la empresa Editorial El Tiempo de Colombia (CEET) en la que sus dueños estarán de plácemes porque antes eran parte del gobierno y ahora el gobierno es parte de ellos.

Juan Manuel Santos es miembro de un grupo mediático que ha aumentado su fortuna varias veces gracias a sus vínculos con el gobierno de Colombia y ahora aumenta su poder político gracias a ser miembro de una empresa mediática servil a los negociados mutuos. El paraíso terrenal neoliberal. Eso implica un negociado de dominación impune en la generación de opinión y la información involucrado en más de un episodio de autoritarismo, manipulación y engaño… usando medios y humillando a trabajadores… ahora su tendencia acelerada será la consolidación de un solo discurso que le sirva como negocio personal para reproducir la voz de sus jefes en Washington.

fuente: Rebelión. Fernando Buen Abad Domínguez: Santos y el huevo de la serpiente mass media.


Como puede ver, amigo lector, quienes descubren ahora que los empresarios mediáticos están dispuestos a servirse de toda su parafernalia piscopateadora para lograr que sus beneficios económicos se multipliquen hasta el infinito y que nunca sean cuestionados; quienes descubren esto ahora, decía, han descubierto el agujero del mate.


Alfredo Arri.

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domingo, 8 de agosto de 2010

A las piñas en el Chaco por denuncias contra el glifosato.

Noticias. Agronegocios. Contaminación.

Contra el glifosato no se jode:
En La Leonesa (Chaco) cagaron a
trompadas a disertantes
que pretendían alertar
contra la contaminación.

Podemos leer en Perfil la presentación de la noticia:

El diputado chaqueño Carlos Martínez (Libres del Sur), el diputado provincial Fabricio Bolatti (Frente Grande), el ex subsecretario de Derechos Humanos de la provincia, Marcelo Salgado, y un investigador del CONICET fueron agredidos esta tarde en la localidad de La Leonesa por una patota que, según denunciaron, responde al intendente del lugar.

Los atacados iban dar una disertación sobre los efectos negativos de los agroquímicos, cuando fueron sorprendidos por una patota que respondería a Carlos Carabajal, intendente de la localidad y promotor del cultivo de soja/glifosato, denunció la Red Nacional de Acción Ecologista (RENACE).

fuente. Perfil



Por su parte, en el portal Chacoonline, podemos leer el comentario de un lector de ese portal, quien se identifica como JuanMa:

Es increible lo que acaba de suceder... Estos violentos, conducidas por el intendente de un pueblo y acompañado por el dueño de las empresas quecontaminan, ingresaron de forma amenazante al lugar donde estaban por disertar investigadores, docentes y diputados con el fin de no dejarlos hablar... imponiendose a fuerza de palos, amenazas, insultos, golpes de puños y patadas... Acaso el gobernador del Chaco tomara cartas en el asunto? puede permitir estos atropellos hacia la libertad de expresion? Dejara pasar como si nada, que el maximo responsable politico de una ciudad asista a un lugar publico con una patota y con el uso de la fuerza publica (porque eran empleados municipales) y privados ataque a gente que se encontraba reunida en forma pacifica? La verdad que yo pensaba que Chaco merecia mas... pero que ese mas no era violencia... Se detendra esto de atacar para no dejar halar a alguien? Miedo de que tienen? No querem...

fuente: Chacoonline.


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domingo, 1 de agosto de 2010

La semana política. 1 de agosto de 2010.

Bitácora del ciudadano de a pie. Política nacional.

Vergüenza ajena; vergüenza nacional.

Todas las fotos, la foto.


Sin duda alguna, el hecho más significativo de la política nacional acaecido esta semana fue la reunión de los dirigentes políticos de las diversas agrupaciones opositoras al gobierno nacional, con la SRA, en la SRA. Sin lugar a dudas, la foto que registró esa reunión quedará como la representación perfecta de la actitud más repugnante que padece la mayoría de los dirigentes políticos que se oponen al modelo K, esto es, la sumisión al poder oligárquico.

Patético. Triste. Vergonzoso. Para qué vamos a andar con vueltas: sombrío, deshonroso, deplorable.
Esta vez zafó, como otras veces en los últimos tiempos, don Ricardo Alfonsín. En esa foto, que sin duda alguna adquirirá el carácter de histórica, el dirigente radical no está. La opinión pública, que observa todo, mira con simpatía creciente al doctor Ricardo Alfonsín. A pesar de esta realidad fácilmente comprobable, los dirigentes opositores envenenados por la pócima anti K, no lo ven; en su ceguera de odios no lo ven, y siguen metiéndose en el lodo.

Para la historia, pues::Joaquín Morales Solá, Oscar Aguad, Elisa Carrió, Felipe Solá, Federico Pinedo, Patricia Bullrich, Adolfo Rodríguez Saá, Josefina Meabe, Daniel Sabsay, Ricardo Buryaile, Margarita Stolbizer y Alfredo Olmedo.

Eduardo Blaustein, en su nota de Miradas al Sur de hoy, comenta la histórica foto, futuro icono de la deshonra de cierta clase política, con estas palabras.

Era tan esforzada la foto, tan excepcional en su formato, que salió publicada en los diarios de un modo rarísimo. Porque para que cupieran todos –desde Morales Solá en una punta al diputado Alfredo Olmedo, cien mil hectáreas de soja y tres aviones, en la otra– debieron alargar la mesa como si se tratara del efecto de un dibujo animado. La foto quedó extrachata, como las pantallas de LCD. Y para que la lente pudiera abarcarlas, todas las cabecitas en la Rural quedaron como lejanas y ridículas, con un aire de La última cena. Los retratados como apóstoles, convocados por Hugo Biolcati, obtuvieron la extrachata, vaticinaron un eventual Apocalipsis legislativo por la docta verba de Daniel Sabsay y sin embargo no pudieron ponerse de acuerdo en aquello que hacía a lo más elemental de la convocatoria: qué hacer con las retenciones.

fuente: Miradas al sur. Domingo 01/08/2010,


Nota que tituló, además, Biolcati, el rebenque y las fotos de las vacas mansas. ¿Más claro?: echale agua.

Por su parte Veintitrés, sobre el mismo tema, apeló al verbo arrear. Verbo que, con timidez de estilo pero con seguridad conceptual, utilizó este modesto blogger tiempo atrás para designar ese extraño, extrañísimo fenómeno de considerar ganado a las personas que tienen los patrones de estancia. En la oportunidad del 2008, el arreo de una clase media urbana más confundida que Adán en el Día de la Madre, compradores ingenuos de las chamarritas camperas; en esta oportunidad, el arreo de dirigentes políticos, compradores ingenuos de un amuchamiento. sin otro destino que el descrédito ante la opinión publica.


¡Qué tisteza! ¡Ay, patria mía!

Siguen sin entender, estos pobrísimos dirigentes políticos, que el mercado electoral anti K visceral está amesetado desde hace más de un año. Y no sólo amesetado sino que además está en franco descenso. Pero ellos insisten en eso del 70 por ciento. Ignoran, los muy arreados, que estamos más cerca -en términos políticos- de octubre de 2011 que de junio de 2009. Y ahora, que una encuesta ha revelado que Néstor Kircher podría ganar aun en segunda vuelta, prefieren ignorar ese dato de la realidad y seguir en esa ilusión de que la furia anti K, la pura crispación anti K, el puro gorilismo, paga. Y la verdad es que paga cada vez menos.

Nadie lo dude: la foto histórica de la SRA con Joaquín Morales Solá de moderador tendrá el mismo efecto en política que el que tuvo la arremetida de la iglesia y de personajes como Negre de Alonso y el diputado Olmedo en el debate del matrimonio igualitario. Actúan como catalizadores a favor de lo que combaten. Pero... siguen sin enterarse.

De todos modos, es necesario ser equitativo en algún punto: no todo el mérito del crecimiento en la imagen positiva del oficialismo descansa en la poca muñeca política de los opositores. Por el otro lado está la propia presdienta Cristina Fernández que, día tras día, semana tras semana, mes tras mes, se mete en el bolsillo a toda esa caterva de mediocres que pueblan la oposición. Coraje a toda prueba la de esta mujer que, a pesar de los mil y un palos en la rueda que le han puesto y le ponen, a pesar de los insultos y descalificaciones increíbles que le prodigan los cuatro de copas que pululan por los medios; a pesar de todo eso y de mucho más, sigue adelante. Y no sólo sigue adelante sino que además se los mete en el bolsillo a todos, uno por uno. La idea de una reelección de la propia presidenta Cristina es una que ya no nos pertenece a unos pocos.

Contraste que le dicen. Entre la capacidad, el coraje, la claridad de objetivos por un lado, y la mediocridad, la liviandad, la sumisión a los poderosos, la envidia, el resentimiento y hasta el más vulgar gorilismo por el otro lado. Es verdad: el contraste actúa como catalizador: lo que la oposición logra con su obstinación anti K es, en definitiva, que muchos de los que hasta ayer no querían ni oir hablar de Cristina le presten cada día más atención. Y logra, también, que los que adherimos a este gobierno desde el principio nos guardemos las críticas que podríamos hacerle a la gestión de gobierno para otra ocasión. Lo que es prioritario ahora es evitar, a toda costa, que la SRA y los grupos del poder financiero y mediático vuelvan a gobernar el país. Sería un retroceso de décadas. La mera representación mental que pudiera uno hacerse de un Mauricio Macri presidente, o de una Elisa Carrió presidenta, produciría una imagen francamente sombría.

Alfredo Arri.

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martes, 13 de abril de 2010

Se detectan 34 mil tn de cereales no declarados.

Agronegocios.

La AFIP realizó varios operativos
en establecimientos de Santa Fe y Córdoba.


Según informan varios medios, la AFIP descubrió, en 69 procedimientos de inspección realizados en Santa Fé y Córdoba, la existencia de 34.000 tn de cereales y oleaginosas sin declarar. Por otra parte, el 22 por ciento del personal ocupado en los establecimientos inspeccionados mostraba irregularidades.

Aprovechando la presencia de los inspectores, la AFIP "también efectuó un control presencial en la trilla de la cosecha gruesa 2009/2010, a fin de determinar los rindes promedios obtenidos por los productores verificados y se los comparó con las declaraciones realizadas ante la AFIP."

Y de paso, detectaron en algunos establecimientos la existencia de bovinos en pie no declarados. En un caso, el productor se olvidó de declarar mil cabezas.

fuente: Telam, La Nación, Prensa Latina. Foto: AFIP

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Confesión formal de Bill Clinton.


Soberanía alimentaria.

Clinton y las consecuencias de una decisión.


"Tengo que vivir cada día con las consecuencias de una decisión mía que fue, quizá, buena para algunos de mis granjeros en Arkansas, pero que fue un error porque trajo también como resultado la pérdida de la capacidad de producir arroz de Haití y, consecuentemente, de su capacidad de alimentar a su pueblo. Fue resultado de algo que hice yo. Nadie más".


Estas palabras las pronunció el ex presidente estadounidense, William Clinton, el último 10 de marzo en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de EUA. Había sido citado ante esa comisión para rendir cuentas de su papel de enviado especial a Haiti tras el terremoto que padeció el pueblo haitiano.

El lector podrá leer toda la información al respecto en la nota de El País: La confesión de Clinton, por Soledad Gallego-Díaz.


El concepto de soberanía alimentaria es uno mucho más complejo y más serio que la mezquina aparatología ideológica de los economistas, liberales o no. Aquí, en este caso, el ex titular del Imperio pudo ver en el terreno, en circunstancias trágicas, las consecuencias remotas de una medida salida de sus manos, destinada a mejorar los negocios de un par de particulares, que produjo un desastre social.

En nuestro país estamos atentando contra la soberanía alimentaria, aunque por otra vía a la mencionada para el caso del arroz haitiano, o del maíz mexicano: aquí estamos atentando contra la soberanía alimentaria a partir de la sojización masiva, que no detiene su proceso de desplazamiento de pequeños productores de otros bienes de la tierra, e incluso el desplazamiento de población rural hacia los centros urbanos. El problema es serio y tiende a agravarse. El Estado, a su vez, está atrapado en este sistema que es a la vez productor y destructor, debido a los ingresos aduaneros y fiscales que origina la exportación del poroto y el aceite del poroto. Las medidas políticas necesarias parar este proceso son difíciles, debido a la resistencia que provoca cualquier alteración sobre este modelo de plata fácil para muchos propietarios de tierras. Pero, algún día se tornarán necesarias y han de ser necesariamente duras. Entre el aumento de la pobreza que produce como consecuencia del desplazamiento de pequeños productores rurales y el paulatino pero sostenido encarecimiento de productos tradicionales de la producción agropecuaria cada vez más escasos, la perspectiva a mediano plazo es más que negra. No sería nada descabellado imaginar que en unos pocos años comience a vislumbrarse la posibilidad de una profunda reforma agraria como camino necesario para la supervivencia económica, social y aún ambiental de la patria. Por lo pronto, algún mecanismo de regulación estatal para la comercialización de los productos de la tierra tendrá que meterse en la agenda política.

Alfredo Arri

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martes, 6 de abril de 2010

Multa a hacendado brasileño por quemar bosques.

Leyendo los diarios. Ecología.

El gobierno brasileño aplicó fuertes multas
a hacendados y empresas.

Leo en La Jornada de México de hoy:

Brasilia. DPA. Un hacendado brasileño del estado de Mato Grosso recibió una multa por 6.15 millones de dólares por destruir dos mil 234 hectáreas de bosques amazónicos, informó hoy el estatal Instituto Brasileño de Medio Ambiente. La deforestación ocurrió cerca de Nova Ubirata, localidad a 500 kilómetros de Cuibá, la capital estatal. La región afectada forma parte del llamado Arco del Fuego, donde ocurren frecuentes incendios y tala ilegal. Autoridades localizaron la semana pasada 545 mil metros cúbicos de madera y multaron con 550 millones de dólares a cinco empresas por comercio ilegal.

fuente: La Jornada.


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La patria sojera ha despertado la curiosidad de El País.

Leyendo los diarios. Agronegocios. Soberanía alimentaria.

Una de cal, una de arena.
En El País, un texto apretado pero justo
sobre el proceso de sojización que padece Argentina.


La semana pasada, en este blog, comenté la falta de oficio de la corresponsal de El País, Soledad Gallego-Díaz, quien suele presentar para sus lectores de España notas que no pasan de ser copy and paste de lo que publica la prensa argentina.

Ahora me veo obligado a manifestar todo lo contrario, ya que en edición de El Pais de hoy, la corresponsal firma una nota que, con el título de República de la Soja, expone a sus lectores españoles una muy aproximada dimensión de la sojización que viene padeciendo nuestro país. Padecimiento, sí, a pesar de los beneficios económicos que la explotación sojera trae para productores, pequeños y grandes, y para la macroeconomía del país mismo, dado que los ingresos aduaneros y fiscales por la exportación de ese producto conforman un número importante. Padecimiento porque la sojización, aunque tardemos en aceptarlo, está destruyendo eso que tan acertadamente se llama soberanía alimentaria, y, además, produciendo enormes daños ecológicos y, hasta donde se empieza a saber, con probables consecuencias graves para la salud de la población. Y también hay que mencionar los desequilibrios sociales que el proceso de sojización, que lleva a plantar soja hasta en las banquinas, desplaza, en otras cosas, pobladores.

La única crítica que le hago esta vez a la corresponsal de El País es el título, ya que es uno próximo al de uno de los blogs con mayor tráfico de Argentina. Pero eso es un detalle menor. Lo importate es que la corresponsal salió a caminar y a conocer la realidad del país. Y produjo un texto para elogiar. Una de cal, otra de arena.

Uno de los párrafos de la corresponsal Soledad Gallego-Díaz:

"Esa es una de las grandes transformaciones sociales que ha acarreado la soja transgénica", comenta el diputado de Santa Fe. "Los padres de esos jugadores de golf se subían al tractor a las cinco de la mañana y se bajaban a las seis de la tarde. Sus hijos no van a volver a trabajar nunca más: simplemente, alquilan sus tierras y reciben el dinero correspondiente. Por 50 hectáreas pueden sacar hasta 90.000 pesos de renta anual", explica. Son unos 18.000 euros, pero en Argentina no se trata de poco dinero. Un profesional joven que trabaje en la capital federal, un médico, un profesor de universidad o un periodista, no cobra más de 7.000 o 7.500 euros al año. Esos agricultores, que viven en núcleos rurales, reciben más del doble por no hacer absolutamente nada. "¿Comprende usted por qué es tan difícil debatir sobre la soja en este país?", se lamenta el diputado de Santa Fe.

La nota completa, aquí.

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domingo, 4 de abril de 2010

La soja, siempre presente. China y el aceite de soja.

Agronegocios. La soja, siempre presente.

China amenaza con bajar las
exportaciones de aceite de soja. Cómo lo ve el sector de los agronegocios.


Como se sabe, el gobierno argentino recurrió a todos los medios a su alcance para sobrellevar de la manera menos costosa, sobre todo para los trabajadores ocupados, la crisis internacional disparada en setiembre de 2008 y vigente durante casi todo el 2009. El descenso de las exportaciones fue el ítem más tenido en cuenta a la hora de tomar decisiones y la utilización de todas las herramientas a la mano para frenar las importaciones de manera tal de mantener el superávit en la balanza comercial fueron utilizadas. Los resultados están a la vista, pero las consecuencias comienzan a aparecer también. Es el caso de China, que amenazó con dificultar sus importaciones de aceite de soja. Hay en la amenaza la mención de un componente técnico que afectaría la calidad del aceite de soja, pero la opinión generalizada es que se trata o se trataría de una medida política de respuesta, es decir, de una forma de represalia, que buscaría la eliminación de ciertas restricciones a la importación de ciertos productos de la industria china. En términos técnicos, lo que China estaría buscando es que se abra una mesa de negociación.

Al respecto, sobre este tema opinó el presidente de Cargill, el señor Fernando Jurado, en declaraciones radiales a El mundo, en su programa campero mañanero. Esas declaraciones las recoje Raúl Dellatorre para escribir un texto que publica Página/12 hoy domingo y cuya lectura se recomienda desde aquí.

La recomendación se funda en un hecho simple que el artículo de Dellatorre destaca. Este hecho simple es constatar, una vez más, de qué manera ven estos problemas los involucrados en el agronegocio sojero; cuál es su óptica de la política económica en general.

Un párrafo del texto de Raúl Dellatorre.

“[China] Busca abrir una mesa de negociación global”, dijo Jurado en la mañana de Radio El Mundo. No ya para los productores, sino para que lo escuche el Gobierno. Y aprovechó para criticar las medidas restrictivas del Gobierno al ingreso de mercadería china. “Si uno mira sólo lo que le conviene, y lo que no lo restringe, va a sufrir estas tensiones”, filosofó. O definió su modelo económico, según se quiera ver.Jurado puso las cartas sobre la mesa.

China presionará para que Argentina deje de condicionar sus ventas de productos baratos o si no le va a generar dolores de cabeza en las exportaciones de soja. ¿Por qué habría de atender Argentina esas presiones? Porque es sojadependiente en sus exportaciones y obtención de divisas, además de necesitar de una buena relación comercial con China en el más amplio sentido.

Quizás el conflicto con China se supere sin mayores costos. Pero los dichos de ayer del titular de Cargill expresan la posición de un sector dominante de la economía que se considera en condiciones de poder imponerle la política al Gobierno. La soja avanza, pero que no mande.

fuente: Página/12. Raúl Dellatorre. La soja sigue dando sorpresas.



En lenguaje coloquial: Lo que el presidente de Cargill parecería querer decir, en nombre de su sector, es esto: nosotros queremos exportar soja a China y si para eso hay que abrir las puertas a la industria china y que como consecuencia de ello se cague la industria nacional, pues que se cague.

En perfecta coherencia, por otra parte, con lo expresado por otro vocero del sector, el 4 de julio del año pasado, es decir, a días de las elecciones de 28 de junio. Escribió entonces el señor Héctor Huergo:

El resultado electoral es un triunfo contundente de la Argentina Verde y Competitiva. Ganó la soja. Ganó el modelo del eje Rosario-Córdoba, el nuevo centro de gravedad de la economía argentina. La sociedad entiende que no se pueden atender las necesidades de los sectores postergados, representados por el eje Matanza-Riachuelo, expoliando al interior genuinamente productivo. Como decíamos una semana atrás, no es desnudando al santo del interior como se va a vestir al santo del conurbano. Hace falta "otro modelo".

fuente: Clarin Rural. Ganó la soja.


Nunca como ahora el significado de la expresión "otro modelo" fue tan claro para todos.

Alfredo Arri.

lunes, 15 de marzo de 2010

El precio de la carne, la soberanía alimentaria y el superávit comercial.


Agronegocios.

La entrega de la soberanía alimentaria.
¿Por qué subió tanto el precio de la carne?

Reproduzco a continuación el primer apartado de un texto que el ingeniero Alberto Lapolla publicó con el título de Los 52 millones de toneladas de soja transgénica, la ética de los científicos y de los ingenieros agrónomos. El texto, que el autor dedicó, in memoriam, a Mariano Levin, consta de varios apartados. Este que reproduzco aquí es de una redonda claridad para comprender el impacto de la sojización, no sólo en el ecosistema en general, en la salud de los argentinos en particular, sino además en las consecuencias económicas que trae aparejada tal sojización. Principalmente, la pérdida o entrega de la soberanía alimentaria. Al pie de la cita, mi lector hallará el enlace para la lectura completa del texto.


Lo peor, peor está.
por Alberto Lapolla

Según todo indica, la cosecha de sojaRR (transgénica-forrajera) de esta campaña 2009-2010, orillará las 52 millones de Tm., abarcando la friolera de 19 millones de has. sembradas. Lo cual implica alrededor del 57 % de la producción total de granos y el 55% del área sembrada. Esto es, una profundización aún mayor del monocultivo sojero y del proceso de sojización. Proceso que pagamos destruyendo casi todas las demás actividades agrícolas y transformando a uno de los mejores ecosistemas del mundo para producir alimentos, en una factoría neocolonial de producción de ‘pasto-soja’, subsidiando la producción industrial de China, la India y la Unión Europea. Países que no desean producir materias primas a ser usadas en cadenas alimenticias secundarias, las que compran a países del Tercer Mundo (nosotros) mientras destinan todos sus recursos agrícolas a producir alimentos, sosteniendo su soberanía alimentaria, contrapartida de un proceso de industrialización exitoso, tal cual hicimos los argentinos entre 1945 y 1976.

La Argentina, por el contrario, destina la mayor superficie posible de de su feraz pradera pampeana (más de 35 millones de hectáreas) a producir parte de la cadena alimenticia de otros países, ignorando o debilitando la nuestra. Nuestro vecino Brasil, y el propio Chile -a pesar de su modelo neocolonial- no actúan así. De tal forma la otrora famosa soberanía alimentaria argentina es hoy cosa del pasado. Hecho que puede comprobarse en el reciente desmedido aumento del precio de la carne, debido a la reducción constante del stock y de la superficie ganadera, que la sojización produce, expulsando la ganadería a regiones marginales de menor productividad. De tal forma, la ganadería perdió desde el inicio de la sojización la increíble cifra de 13.5 millones de has. en Pampa húmeda y una cifra cercana a los 3 millones de cabezas por año, en las últimas cinco campañas, produciendo una drástica reducción del stock.

Este proceso viene unido a la concentración de la producción de carne para el mercado interno en los feed-lots, que hoy concentran casi el 80% de la producción de carne para consumo interno. Carne ‘chatarra’ contaminada con antibióticos, anabólicos, hormonas, vacunas, funguicidas, y sobre todo con animales alimentados sin pasturas naturales, con alto nivel de granos, lo cual altera totalmente su composición nutricional, afectando la salud de la población que los consume. Es decir, la de la mayoría de los argentinos, pues los feed-lots producen 11 de los 14 millones de cabezas de ganado que se faenan por año. El resto son animales criados a campo con pasturas, que van a exportación o a cortes de alto precio.

Lo mismo ocurre con las demás producciones desplazadas por la sojización, como la horticultura, la lechería, la fruticultura, la apicultura, y la producción familiar en general, lo cual ha afectado notoriamente los precios y la oferta -en cantidad y calidad- de frutas, verduras y lácteos. La producción familiar que debería ser la base de la recomposición de un modelo productivo, sano, solidario, democratizador, descentralizador y repoblador del campo argentino, y principalmente productor de alimentos, por el contrario es arrasada por las fumigaciones aéreas de glifosato -ya limitadas en los EE. UU., y Europa- y por los precios absurdos de la tierra sojizada.

A esto hay que sumarle la depredación al ecosistema, la contaminación de napas, fuentes de agua, arroyos y ríos, la exportación masiva de nutrientes que supera holgadamente los 1500 millones de doláres por año. La absoluta destrucción del bosque nativo. La destrucción de fuentes de trabajo: la sojaRR crea 2 puestos de trabajo cada 1000 has y destruye 9 de cada 10, debido a su técnica de cultivo por Siembra Directa. Sumemos también la expulsión masiva de pequeños chacareros y arrendatarios y la expulsión de comunidades indígenas que los sojeros producen y la degradación del suelo que la repetición del ciclo continuado soja-trigo-soja produce. Sumemos la destrucción de la flora, la fauna, la microflora, la microfauna, y la disminución masiva de la Biodiversidad, que la sojización produce en forma permanente y continuada desde 1995. Dejamos para el final, porque lo trataremos aparte, los graves efectos sobre la salud humana que producen los más de 300 millones de litros de agrotóxicos fumigados por campaña sobre la pampa sojizada y la población que la habita. De tal forma, si uniéramos todos estos costos colaterales y estructurales (los sistemas agrícolas no son circuitos económicos cerrados sino abiertos) que la sojaRR produce a nuestra economía y que hemos abordado en otros artículos, sería poco lo que nos restarían de los aproximadamente 19 mil millones de dólares en bruto, que reportará la enorme cosecha sojera. Y esos costos en algún momento habrá que asumirlos pues, año a año, iremos deteriorando nuestro ecosistema productivo, hasta acabar con el, sin posibilidad de retorno.

fuente: Alberto Lapolla, Los 52 millones...Texto completo, aquí.


Facebook de Alberto Lapolla.

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sábado, 6 de marzo de 2010

La situación política actual y la hostilidad de la oposición.

Bitácora del ciudadano de a pie. Política nacional.

Diálogos, consenso, formalidad, honestismo. La cháchara es infinita.


Leo, con un poco de asombro, dos textos relacionados, ambos publicados en Página/12 de hoy, en los que se da vuelta alrededor del tema del día: los comportamientos del oficialismo por un lado y de los opositores coaligados por el otro. Un artículo lo firma Washington Uranga y lleva por título Vale todo, y el otro pertenece a Luis Bruschtein y lo tituló La contraofensiva.

Ambos artículos merecen ser recomendados para su lectura y así lo hago. Pero, me queda un sentimiento de incomodidad luego de la lectura de ambos textos.

En el texto de Bruschtein hay un párrafo que define toda una situación de absurdo a la que se ha llegado en la política nacional hoy. Dice el periodista:

Y al igual que ahora, legisladores de izquierda que rechazaban al oficialismo porque uno de sus exponentes era el senador Roberto Urquía, propietario de una importante aceitera, terminaron votando junto a Urquía contra el Gobierno.


La elección de la paradoja no está mal. Hay muchas más. Pero esta es buena. Dejando de lado la imprecisión, ya que el senador Roberto Urquía terminó su mandato en diciembre y no forma parte del actual Senado, como metáfora vale. Muestra la falta de argumentación de ciertas izquierdas. Y muestra el absurdo al que se ha llegado. Se podrían poner muchos ejemplos más de este tipo.Y además, debo remarcar esto: la ciudadanía -que sigue esto como espectáculo mediático nada más- lo advierte sin que se lo hagan notar demasiado.

También hace justicia con la realidad Bruschtein al hacer un inventario de todas las anomalías de una Argentina que sin tener problemas económicos está en permanente conflicto político. Sobre todo la mención de la acción irresponsable y parcial de los jueces que se han empeñado en meterse a hacer política. A estos jueces del palo se los podría calificar de mil maneras, pero hay una que es ineludible: irresponsables.

También menciona Bruschtein el papel de incitación desde los medios del poder económico. Todo está bien. Pero, hay, a mi juicio, demasiado énfasis en las formas, tanto en las que pratica el oficialismo como las de la oposición a la hora de buscar las causas últimas de este clima anómalo. Lo que me incomoda un poco de ambos artículos es que no se pone el acento en lo que para mí es la causa última de este conflicto político: la lucha por intereses económicos concretos, por el poder político como herramienta de apropiación de renta para sectores. Si se ha llegado a este punto no es porque la mutua y recíproca inquina personal, psicológica, ideológica o folclórica entre ambos grupos, sino porque unos y otros están tajantemente divididos por la definición de un modelo político, económico y cultural. Lo que se discute desde posiciones tan extremas es puro dinero, tarasca. La tarasca de la renta nacional y cómo se distribuye. Cómo lograr renta y cómo quedarse con ella. No son luchas de modo: es combate por la torta y el poder, como nunca antes se manifestó en Argentina desde hacía décadas.

Por su parte en el texto de Washington Uranga se puede leer, por ejemplo:

La política y la sociedad no pueden admitir como válida la metodología del “vale todo”. Simple y llanamente porque parte de la base del exterminio y del aniquilamiento. Y la humanidad toda (no sólo nuestra sociedad) ya ha experimentado que ese camino, que es de muerte en todos los sentidos, sólo conduce a nuevas formas de muerte. La política necesita hoy, como ayer y como siempre pero hoy ciertamente, de diálogo.


La sociedad, hasta ahora, está totalmente indiferente a esta pelea por el poder. La mira por tevé con una mezcla de indiferencia y asquito. A diferencia del conflicto de "el campo" del 2008, que en una buena parte de la sociedad logró ser arreada por los patrones rurales detrás de un relato folclórico ocultador de la verdadera causa como era la renta en juego, la sociedad de hoy, en este conflicto está ausente. Por ahora. En este escenario, hacerse eco del discurso de la crispación, al menos hoy, no es apropiado. Y mucho menos meter ahí la palabra diálogo como un imperativo de la hora; diálogo, consenso, otros de los vocablos de moda.

No puede haber diálogo y consenso entre quienes no están dispuestos a dialogar porque una de las partes, el conglomerado opositor no puede salir de esa trampa en la que se ha metido como es la de ir al Congreso para cumplir los mandatos del poder económico y nada más que eso. Los políticos de la oposición no están dispuestos a dialogar por muy mucho que lo quisieran porque no los dejan. Las órdenes que tienen que cumplir no admiten el diálogo. Esto es un proceso destituyente, es un golpe de estado y van por todo.

Leo en el artículo de Bruschtein:

En este caso, la oposición dice que llegó a esa medida porque durante mucho tiempo el oficialismo tuvo mayoría propia y no negoció con las minorías. Apuntaron además que el oficialismo no reconocía el resultado de las urnas del 28 de junio del año pasado. Tiene razón en la primera parte, en cuanto a la poca vocación negociadora que ha mostrado el oficialismo. Pero no en la segunda, porque el oficialismo fue la primera minoría en la elección, lo cual no fue respetado en la distribución de responsabilidades parlamentarias.


Habla de formalidades. Tanto en un caso como en el otro olvida el fondo, el contenido: en el primer caso, el oficialismo ofreció sus proyectos a un debate en el cual los opositores nunca quisieron debatir sino sencillamente cambiar porque nunca estuvieron de acuerdo con los proyectos del oficialismo desde diciembre desde 2007. Hasta les ofreció a debate una resolución minesterial, facultad exclusiva del Ejecutivo, en un exceso de institucionalidad que si le salió bien a "la oposición" fue sólo por la acción trapera de un vicepresidente infiel. ¿Qué debate podría existir en un Congreso opositor absolutamente cooptado por el establishment que desató la furia anti K a los pocos días que Cristina Fernández juró como Presidenta?

Y en cuanto a la interpretación de las elecciones de junio, hay una sola para el poder económico y financiero, y es la que dejó fijada, con claridad brutal, el 4 de julio del 2009, días después de las elecciones, Héctor Huergo en las páginas de Clarín rural:

El resultado electoral es un triunfo contundente de la Argentina Verde y Competitiva. Ganó la soja. Ganó el modelo del eje Rosario-Córdoba, el nuevo centro de gravedad de la economía argentina. La sociedad entiende que no se pueden atender las necesidades de los sectores postergados, representados por el eje Matanza-Riachuelo, expoliando al interior genuinamente productivo. Como decíamos una semana atrás, no es desnudando al santo del interior como se va a vestir al santo del conurbano. Hace falta "otro modelo".

fuente. Clarin rural, julio 4 2209


Nunca falta alguien que no entiende del todo ese párrafo. Lo traduzco al lenguaje coloquial: La Argentina es nuestra, la de los gringos de la pampa húmeda. Queremos toda la renta y no tenemos ninguna gana de financiar a los negros de mierda que se amontonan en el eje Matanza Riachuelo. Nos chupan un huevo las industrias, las villas y toda esa basura. Queremos la Argentina del Centenario, aggiornada en la era de la biogenética. Que se vaya la yegua y los negros de mierda que se hagan un estado propio.

Pido perdón por el lenguaje. Pero, como dije, nunca falta alguno que sólo entiende un párrafo publicado recién a partir de su traducción al lenguaje de la calle.

No desde el 4 de julio de 2009, fecha de esa declaración de guerra: desde el 10 de marzo del 2008 los políticos que conforman "la oposición", embelesados por la vista de las masas en las calles que habían logrado arrear los patrones rurales y los medios, seducidos por las promesas de los medios, se entregaron de pies y manos a ese poder agro-mediático y financiero. El resultado está a la vista. Están en el Congreso, al fin, luego de "seis interminables meses" según la lamentación de Morales Solá. Llegaron para la venganza. ¿Quién puede dudar que la ley de baja a las retenciones a las exportaciones de soja será una de las primeras que saque el nuevo Congreso? Llegaron para tomarse la revancha. Llegaron para guaranguear. Llegaron para dar el golpe.

Hablar de formas y consensos a esta hora, francamente...

Está bien: los textos citados son los de periodistas y, como tales, y aunque tengan sus simpatías, no pueden rebajar sus textos de análisis a la literatura de barricada. Eso es entendible. Pero, de todos modos, al lector le deja un sabor amargo la lectura de textos tales. Sumarse al coro de los que dan la cháchara con eso de los modales y las formas...

Y también están las consideraciones tácticas como justificación a ese "olvido" de las causas útlimas. Por ahí una forma de representación de diálogo o de diálogo representado puede ser útil para ganar tiempo. En las condiciones actuales, y habida cuenta de los actores que están en el escenario político hoy, no hay espacio para el diálogo real, sino para la claudicación. La claudicación del gobierno, por supuesto. Los del otro bando, los dueños de la Argentina, los que manejan los hilos de los títeres que ocupan las bancas del Congreso, nunca claudican. La claudicación que se espera es la del Gobierno. Pero, como Cristina Fernández ha declarado que no está para gerenciar, para durar, no habrá claudicación sino hasta el final. Que por ahora está lejos. Con tranquilidad en los mercados y la pasividad de los ciudadanos (justa pasividad por otro lado), hay resto aún. Y como los títeres son, después de todo, políticos profesionales, ni bien se acerque la hora para la lucha por los puestos en el poder que huelen inminente, se sacarán los ojos, ante la desesperación de los titiriteros.

Alfredo Arri.

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jueves, 4 de marzo de 2010

Declaración formal del golpe de estado blanco.

Bitácora del ciudadano de a pie. Política nacional.


Idus de marzo: La runfla opositora desnudó sus planes
en el primer día de la puesta en marcha del golpe de estado.


Lo más importante del día que acaba de terminar, en la política nacional, acaeció anoche en TN. Dejando de lado el primer bloque, que fue utilizado para poner al aire una entrevista grabada con Marcó del Pont horas antes de la emisión del programa, lo más importante se dio después.

Hubo un bloque con cuatro senadores de la runfla. Luego, un breve espacio de réplica que fue usado por el senador Gioia por el oficialismo; luego una intervención de Agustín Rossi, y finalmente un debate entre dos diputados oficialistas y dos opositores.

Tanto en la intervención de los cuatro senadores primero, como en la de los dos diputados de la oposición después, quedó bien en claro cuál es la estrategia política de la runfla de aquí en más: impedir la gobernabilidad.

Fueron claros: nosotros sacaremos nuestras leyes, y si la Presidenta las quiere vetar, que las vete: es una de sus facultades constitucionales. Y recibiremos los proyectos del Ejecutivo... para estudiarlos. Si nos gustan, van al recinto, si no, nones.

En términos prácticos, es el anuncio de la táctica para el combate: de impedir la gobernabilidad; en términos politicos, es el anuncio formal de un golpe de estado blanco. Fueron muy claros, y los gestos de regodeo ante la realidad que inauguraron y anuncian para el futuro fue inocultable. Al menos por parte de los seis que estuvieron anoche en TN. Al margen: tres de esos seis son absolutamente impresentables, pero... así es la política en Argentina de hoy. Es lo que hay.

Poner en marcha un golpe de estado blanco es riesgoso, pero a estos tipos poco les importa. Agustín Rossi dijo que la gobernabilidad no había de afectarse porque el gobierno está fuerte. Puede ser. Pero es riesgoso. Debe tenerse en cuenta que el stablishment no sólo cuenta con las herramientas para dificultar la gobernabilidad, sino que además cuenta con otras herramientas en cuyo uso son expertos, tales como subas infladas de precios, guerra sucia mediática, maniobras desestabilizadoras en los mercados, mano de obra dispuesta a iniciar saqueos, etc. Van por todo, así que, tomadas ya las posiciones "insitucionales", pondrán en marcha las demás herramientas.

Y es riesgoso por la misma razón que ya fue dicha muchas veces aquí: el gobierno no tiene una base social militante activa dispuesta a movilizarse para defender el modelo de inclusión. Y no por falta de personas dispuestas, que las hay y son millones, sino por la falta de una estructura política clara, programáticamente inequívoca. Aferrados como están a las estructuras más fuertes que tienen a la mano, el Aparato territorial-sindical del Pejota, los dirigientes que conforman el kirchnerismo en el poder, no pueden pegar el salto dialéctico y conformar una base politica social que, no digamos para conformar un tercer movimiento histórico, pero sí para reunir en una sola estructura, férreamente cohesionada en lo ideológico-programático, a los millones de ciudadanos dispuestos a defender el modelo.

Con los discursos de la Presidenta, dichos ante un auditorio reunido por las estructuras partidarias territoriales, no alcanza. Está bien que se comprende que tales escenarios se arman para que la Presidenta llegue a todo el pueblo a través de la tevé. Pero eso no alcanza. Es últil para despertar conciencia en muchas personas de las clases medias que la siguen en la tele. Incluso para conseguir adhesiones, y que las logra día a día. Pero no alcanza. Son las bases sociales que conforman los sectores más postergados de la sociedad, esos mismos que estuvieron desatendidos hasta la implementación de la asignación universal por hijo y de los planes cooperativos de trabajo, precisamente ésos los que deben ser políticamente organizados, pero no detrás de las estructuras del aparato. La razón es sencilla: estas estructuras están viciadas por años de prácticas corruptas y, lo que es más grave, son altamente lábiles.

El riesgo está, pues. La decisión de dar comienzo al golpe de estado; y la decisión de Cristina Fernández de seguir adelante; nos llevará a un escenario de confrontación creciente. No tengo ningún empacho en declarar, aquí y ahora, que la responsabilidad por la tragedia que se avecina es del poder económico y, sobre todo, de la runfla obediente que ahora la va de republicanismo destituyente. La prueba para poder asegurar esta responsabilidad unilateral es simple: actores que, ideológicamente siempre han estado y por lo tanto deberían estar hoy mismo en la defensa de honrar la deuda, de salir del default, de celebrar los signos positivos del mercado al que adoran como un dios, con tal de desestabilizar e impedir la gobernabilidad, se fastidian e ignoran los signos positivos del mercado, se niegan a pagar deuda, socavan a las instituciones más sensibles para los mercados. Ese grado de enajenación, de alienación por parte de estos actores alcanza para atribuirles responsabilidad. Anoche, Agustín Rossi fue categórico: están locos. ¿Producto de la calentura? Ahí ahí. Caliente, sí; pero certero. Locos, no; pero enajenados, alienados, sí.

Vendrán tiempos difíciles. Muy difíciles. Y no es improbable que termine en tragedia. Estos agentes de la eterna inequidad social han demostrado más de una vez, a lo largo de toda la historia, y no sólo la argentina, que no les importan las tragedias. Es más: si la sangre les garantiza la preservación de sus intereses, pues que haya sangre.

Es una pena, claro. No para mí y los de mi generación, que ya nos vamos, sino para los que ahora son chicos y adolescentes. Otra nueva frustración.

¡Ay, patria mía! ¡Qué hijos de puta que son, madre mía! ¡Qué malparidos!

Idus de marzo: ¿Cuánto tardará la runfla en sacar una ley que baje las retenciones a la exportación de soja?


Alfredo Arri.

lunes, 25 de enero de 2010

El arreo (Tercera parte)

Bitácora del ciudadano de a pie.

El arreo (Tercera y última parte)

5. ¿Y entonces?

Se ha repetido hasta el hartazgo que el argentinazo del 2001 tuvo como consecuencia histórica y social más notoria la fractura de los partidos tradicionales. En el que se vayan todos estaban... todos.

Hubo, luego de aquellas jornadas históricas, y sobre todo luego de los asesinatos de Kosteki y Santillán en abril de 2002, el renacimiento de una esperanza que se depositó en las nuevas generaciones de dirigentes. El azar (o, al menos, una rara conjunción de circunstancias aisladas entre sí) le dio la oportunidad a Néstor Kirchner. La supo aprovechar y en pocos años logró restablecer la confianza popular en los dirigentes políticos. Pero, al propio tiempo, o al poco tiempo, volvieron a aparecer las señales de estructuras fosilizadas de la sociedad (sobre todo de la burocracia administrativa), que aquellos sectores más demandantes -en términos políticos- de la sociedad consideraban la causa de todos los males: La corrupción, el clientelismo, la desidia por las cuestiones más apremiantes como las politicas de seguridad social, la falta de inversiones en la infraestructura que el pueblo usufructúa (o padece) y, lo más intolerable de todo, la escalada en una lucha retórica, discursiva, blablablista con visos de fastidio, cansancio, irritabilidad.

En definitiva: Las muy significativas y muy acotadas (en términos de clase) porciones de la ciudadanía que entre mayo y julio del 2008 fueron protagonistas de las más fuertes movilizaciones de masas que se tenga memoria en mucho tiempo, tuvieron como objeto demandar la conformación de nuevas estructuras de representación política. La demanda era la misma del 2001, que se vayan todos. No es esto lo que queremos. Estamos hartos. Necesitamos otro modo de gobernar la patria. Así no sirve.

Por supuesto, los manifestantes del 2008 fueron defraudados por los convocantes quienes, como se dijo en el comienzo de esta entrada, actuaron como hacendados que arrean hacienda, con un propósito bien definido: defender la faltriquera propia y ofrecer la multitud -la gente- como moneda de cambio. No tengo ninguna duda de que una enorme cantidad de compatriotas que concurrieron a la primera manifestación, en circunstancias simbólicas muy fuertes, como la fecha patria y el monumento al estandarte nacional, fueron convencidos de que estaban fundando un nuevo movimiento, novedoso, innovador, audaz y, sobre todo, ético. Grande fue la desilusión.

El Gobierno, hay que decirlo, no supo interpretar esa demanda de las clases medias. Se agotó en contrarrestar a los fogoneros de esa movida -la derecha cerril, destituyente, los nostálgicos de la dictadura, vamos-, sin acabar de comprender que esos fogoneros fueron y siguen siendo una minoría sin chance alguna de alcanzar el poder por la vía democrática. La primera movida fue desestabilizadora a partir de esos grupos minúsculos y se les fue de las manos. Se les desmadró. No esperaban jamás alcanzar movilizaciones tales y ante tal fenómeno no supieron cómo actuar. No hay que olvidar que estos sectores son, precisamente, quienes más aborrecen a las movilizaciones populares. La segunda movida que decidieron fogonear estos grupos se da ahora, con el culebrón Banco Central. La diferencia está en que esta vez no convocaron a nadie. Son peligrosos, es verdad. También es verdad que el Gobierno no puede bajar las defensas ante estos grupos que están desesperados por abortar esta desagradable experiencia de un maldito gobierno que no reprime, que no ajusta, y que, para colmo, afecta intereses. Pero el Gobierno no puede seguir involucrando a toda la sociedad en esa lucha. Tiene que cambiar el modo, la forma, el discurso. Y tiene que poner los puntos sobre las íes en la cuestión ética.

La nueva ley de medios ofrece una oportunidad que no puede ser desaprovechada o malgastada. Si se usan nuevos medios de comunicación para subir la apuesta en la confrontación, el pronóstico no es alentador. Por supuesto que los grupos económicos que enfrentan al Gobierno son poderosos y poseen medios para manejar la agenda discursiva. Pero, no es de sabios participar en el juego subiendo la apuesta. Es verdad que hay grupos económicos poderosos que seguirán fogoneando la crispación, el miedo, el desánimo. Pero también es verdad que hay todo un pueblo que observa cómo juega cada jugador. Hoy, en esta jugada que empujó a Redrado a esposarse al sillón del BCRA, el pueblo decidió permanecer ajeno a la confrontación. Pero no hay que olvidar que en el 2008, por hache o por be, no estuvo ajena a la confrontación. Se movilizó. En esa ocasión, fue usada y se desmovilizó desilusionada. Pero se puede volver a movilizar.

Movilizándose o no, participando o no, muy amplios sectores de la población están observando todo el proceso con atención. En 2008 dieron una señal fuerte. En junio del 2009, otra. Sepa el Gobierno interpretar las señales.

La derecha cerril ofrece al mercado de ideas y de voluntades su propia interpretación de esas señales. Una de ellas, la más guaranga, es la expresada en la cita del señor Huergo, reproducida más arriba en esa entrada. Otra es la muletilla, falsa, de que el 70 por ciento de la población está en contra del modelo. Es falso. La inmensa mayoría de la población está en contra de que se sigan apañando -desde el poder formal- los viejos cánceres de la sociedad argentina. Está en contra de la corrupción y de la falta de decisión para la resolución de problemas concretos, básicos, menos abstractos. Está en contra de la eternización de la pobreza. Está en contra de la falta de políticas de inclusión para una generación entera de jóvenes que andan sin ton ni son en la calle, sin proyectos ni sueños. Está en contra del persistente deterioro de los logros culturales entre las capas populares. Está en contra de los discursos que exponen conceptos abstractos en mitad de la cena familiar. Está en contra de la corrupción en la burocracia estatal. Está en contra de los estilos patoteriles.

Pongo un ejemplo concreto, que tiene nombre y apellido: indec. ¿Qué provoca la manipulación de las cifras del indec?

Para aquellos que tradicionalmente obtienen pingües beneficios a través de procesos inflacionarios, la existencia de un índice que no refleje ese proceso con la fidelidad (o falta de fidelidad) que ellos quisieran, ven en el gobierno al ladrón que le mete la mano en los bolsillos.

Para aquellos que tienen que pagar deudas en las que los índices de inflación juegan en su contra en relación directa a su número, es decir cuanto más altos más pierden, ven en el gobierno a alguien que defiende sus intereses. Si el deudor es el Estado, los intereses son los del Estado.

Para la prensa que defiende los intereses de los primeros, la manipulación inconveniente del indec es la herramienta más a mano, más eficaz, para tirar dardos envenenados contra el gobierno. La razón es sencilla: el adulterador no se puede defender.

Los ciudadanos corrientes, ni tienen por qué saber qué representa un índice de precios, ni tiene por qué aprenderlo y, lo más importante, no tienen por qué interesarse. Existe algo tan simple como la representación. El ciudadano elige intérpretes que interpreten por ellos. El ciudadano de a pie, simplemente, lee los diarios o escucha radio y televisión. Estos dicen que el gobierno modifica los índices del indec y el gobierno no dice -porque no puede o porque no sabe- por qué los altera. La consecuencia de ello está a la vista. Si al gobierno no se lo pudiera atacar por ese flanco porque, al no alterar las estadísticas, los que se benefician con la inflación alta siguen ganando fortunas, el pueblo tendría más simpatías por el gobierno, aunque tuviese que seguir poniendo del bolsillo propio los beneficios de quienes se benefician. En cambio, al ser atacado por ese flanco, el ciudadano le resta apoyo al gobierno, aunque se beneficie por la táctica del gobierno.

Pero, más allá de todo esto, el procedimiento mismo, el recurso mismo de alterar el metro con que se mide es propio de tenderos tramposos y eso es, en definitiva, lo que el ciudadano corriente no acepta ni aceptará jamás, por más que en la vida privada sea uno de los que compran repuestos de autos en los desarmaderos, o den una coima para zafar de alguna contravención.

Este modo de obrar y juzgar está en la naturaleza humana del ciudadano común que, por su propia posición de sumisión en una sociedad de poder violento, por instinto de conservación, común a todas las clases, actúa necesariamente con doble moral. La peor señal que pueden recibir los ciudadanos desde el Estado, es que la propia acción de quienes tienen la responsabilidad de mantener la ética, la violan. Al violar las normas éticas desde el poder, quedan los propios ciudadanos desnudados, como una suerte de partícipes necesarios.

Si quienes manejan las políticas de comunicación del Gobierno ignoran esto tan elemental que hace a la naturaleza humana, entonces no pueden quejarse de la falta de comprensión de la ciudadanía. El ciudadano de a pie no participa de la idea de que no importa que roben si hacen; sí participa de la idea de que, si roban que no se note, que no escandalice. No en vano los yanquis, maestros en esto del capitalismo y la ciudadanía, han establecido la legalidad reglamentada del lobby, que es, en términos éticos, la medida tolerable de la corrupción estatal en connivencia con la corrupción privada. El alcance del término realpolitik es mucho más amplio y abarca mucho más de lo que normalmente se cree.

El conflicto que existe entre el Gobierno nacional y las corporaciones, que lleva ya dos años en etapa caliente, es un conflicto de poder. Se pelea por el poder real. Para su resolución hay dos caminos: la guerra o la paz. La violencia o la política. Existe en nuestra patria, gracias a Dios, consenso unánime a la renuncia de la violencia como arma política. Eliminada esa posibilidad, queda la política. En este terreno, la batalla final se gana o se pierde en las urnas. Y en las urnas, les guste o no a muchos políticos, definen las clases medias. Es a ellas a las que el Gobierno tiene que atender en los próximos dos años. De nada vale espetarles: Ea, giles: son los más beneficiados con nuestras políticas y se ponen en contra... O llamarlos masocas, como tituló un artículo de la revista Veintitrés de esta semana que trata el tema, superficialmente. De nada sirve. Todo lo contrario. De lo que se trata es de: Comprender una idiosincrasia; establecer las demandas; satisfacerlas. El objetivo de todo ese esfuerzo: ganar la batalla.

Los políticos de la oposición, en general, no van por el buen camino en ese sentido. Están confundidos en este aspecto: creen que las demandas de la ciudadanía se traducen en las expresiones marginales de ésta, que son, precisamente, las minorías miserables que llenan con expresiones de odio los subsuelos de los diarios online. Y se suman al coro. Esta acción caníbal favorece al gobierno ya que aleja a la oposición de las clases medias que protagonizaron la demanda del 2008. Una prueba cabal de ello fue el resultado electoral que obtuvo Solanas en Capital.

El Gobierno debe rever sus políticas de comportamiento frente a la sociedad. Pero no en un sentido de claudicación, o de sometimiento pasivo a las exigencias vacías de los medios, sino en un sentido de compromiso con las demandas reales de una gran porción de la sociedad argentina que ya gritó que se vayan todos, que ya demandó en varias ocasiones, y que está a la espera de una verdadera y profunda reconstrucción de las estructuras políticas.

Los gorilas inveterados, los racistas recalcitrantes, los (y sobre toda las) machistas atávicos y los imbéciles de toda imbecilidad son irrecuperables. Ocuparse de ellos es una pérdida de tiempo y de energías, a la vez que sirve para alimentar a las fieras. Y, lo más importante de todo, no representan, por mucho ruido que hagan en los subsuelos de los diarios on line, nada más que una minoría de esas clases sociales medias. La inmensa mayoría demanda otras cosas, más trascendentes y que sí deben ser escuchadas y satisfechas.

Quienes vemos en este proceso iniciado en el 2003 una luz de esperanza nos hemos enojado con el arreo del 2008. Nos hemos enojado con nuestros vecinos, con nuestros hermanos de clase social que marcharon engañados tan burdamente por los patrones rurales. El enojo era comprensible; se trataba de nuestros propios congéneres. Pero ese enojo nos impidió ver las causas últimas del arreo, así como nos impidió ver la fragilidad del arreo. Superado ese enojoso episodio, es hora de ponerse a estudiar qué es lo que hizo que tantos millones de nuestros compatriotas se sumaran en favor de una lucha que iba, como fue siempre la de esos sectores patronales, y siempre irá, en contra de sus propios intereses. Y una vez establecida la naturaleza de la demanda, satisfacerla. Nada más sencillo, nada más difícil.

El arreo ya fue. Pero la demanda que lo posibilitó está ahí, latente. En cualquier momento y por cualquier circunstancia azarosa, puede volver a expresarse, ya no como arreo en manos de hacendados rastacueros, sino bajo las formas más impensables que el Azar establezca. Si el 2001 fue el hito que marcó el fin de una era; si el 2008 fue el hito que marcó que esa era no se decidía a morir del todo ni la nueva a nacer de una vez; los próximos años pueden dar lugar el hito que martille el último clavo del ataúd de la vieja política corrupta, camandulera, clientelística, patotera, favorecedora de amigos, eternizadora de la falta de equidad social. El deseo es, claro está, que se dé en forma civilizada, pacífica.


Alfredo Arri (Theodoro)

Primera Parte: AQUI Segunda parte: AQUI

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El arreo (Segunda parte)

Bitácora del ciudadano de a pie.

El arreo (Segunda parte)

3. ¿Quiénes dieron cuerpo a esas multitudinarias concentraciones populares de 2008?

En los días calientes del conflicto, cuando, repito, se creó un clima de tensión social creciente que exacerbó los ánimos de tantos día tras día, surgieron las respuestas inmediatas para la pregunta que abre este apartado: Que son los gorilas de toda la vida; que hay un componente de machismo exacerbado; que hay otro componente racista y discriminatorio; que son los cándidos que compraron el verso de la chamarrita campera (El campo es el motor de la economía, y todos los lugares comunes billikenescos que ya conocemos desde la escuela); y caracterizaciones por el estilo.

Pero cuando impera la razón, tales respuestas caen, si no por inválidas, al menos por insuficientes. En primer lugar, dos concentraciones multitudinarias y próximas entre sí en el tiempo, conformadas en cada ocasión por alrededor de un cuarto de millón de personas -una auténtica movilización popular- obliga a admitir que tal fenómeno fue la expresión física de un colectivo que podríamos calcular en millones sin temor a equivocarnos. En otras palabras: si dos veces un cuarto de millón de personas decidieron movilizarse, millones había que los acompañaron pasivamente, desde sus casas, a través de los medios.

Admitido esto, una vez que hablamos de millones de argentinos ya no podemos considerar con seriedad las explicaciones facilistas o panfletarias tales como las del gorilismo inveterado, el machismo recalcitrante, la discriminación racial. Esos colectivos miserables existen, por cierto, pero aun en su conjunto no alcanzan a sobrepasar una minoría. Más allá de estos grupos de irracionales que se suben a cualquier colectivo con tal de dar cabida a sus miserias humanas, el hecho cierto y concreto fue que se movilizó una parte importante del pueblo, y que se movilizó por causas diversas a las de las motivaciones miserables.

Dejo para más adelante las causas. Concluyo con la respuesta a la pregunta de quién o quiénes se movilizaron durante las jornadas turbulentas de la primera mitad del 2008. Qué parte del pueblo se movilizó. Y la respuesta es clara: quienes le dieron cuerpo a los patrones rurales soliviantados en defensa cerril de sus ya abultados bolsillos fueron hombres y mujeres de las clases medias urbanas; clases caracterizadas por: a) un nivel de vida material más o menos holgado, aun en quienes se hallan en los umbrales de esa clase social; y b), una formación cultural media, es decir, por encima de la formación cultural de las capas bajas de la sociedad, y por debajo de la media de los colectivos ilustrados. Esto se puede simplificar, a los efectos de este ensayo, en la siguiente caracterización: claees medias caracterizadas por una alta participación política y una deficiente o básica formación política.

El representante típico de estos grupos sociales sería aquél que, por ejemplo, es capaz de organizar una movida vecinal destinada a mejor las políticas de seguridad pública de su comunidad sin tener una idea más o menos seria de qué es una política de seguridad, de cómo implementarla, etc.. O,si se prefiere un ejemplo más crudo, va el estereotipo tantas veces usado: el individuo que afirma orondamente: tengo derechos porque pago los impuestos.

Por último, cabe destacar que, por circunstancias históricas concretas, objetivas (además, comunes en muchas democracias formales del mundo), se trata precisamente de los grupos o clases sociales en cuya voluntad, en cuyas voluntades individuales a la hora de votar, se halla la pequeña pesa que inclina el fiel de la balanza. Paradojas de la democracia, por cierto.


4 ¿Por qué las clases medias urbanas se movilizaron detrás de la movida campera del 2008?

Aunque ya fue declarado en el apartado anterior, vale recordar que dejé de lado a las minorías de los miserables; que, aun reconociendo la existencia de tales minorías entre los movilizados, el núcleo importante, determinante de estas masas populares movilizadas habían decidido sumarse a la movilización por otras causas, mucho más públicas y trascendentes que las de satisfacer odios y prejuicios personales. Entre esas minorías, una de ellas -compuesta más por cándidos que por miserables-, estaban los que se comieron el verso folclórico de “el campo” como motor de la economía nacional y toda la cháchara con las que nos aleccionó desde siempre la oligarquía agroexportadora del Centenario y sus descendientes mimetizados entre los grupos financieros, agroindustriales y mediáticos. Saco del análisis a todas estas personas que, en conjunto, no determinaron la condición de multitudinaria de aquellas movilizaciones populares. Digamos que estas personas, estos grupos, en su conjunto, formaron algo así como las barriadas periféricas de una gran ciudad. Lo que importa aquí es la ciudad, el universo, el núcleo vivo de esa demanda social materializada en las movilizaciones que conocimos todos y que trato aquí.

Aclarado una vez más eso, paso a lo que sigue, esto es, tratar de descubrir la naturaleza misma de la demanda social y política que movilizó a una parte numéricamente significativa de nuestra ciudadanía entre mayo y julio de 2008. En menos palabras: tratar de descubrir cuál era esa demanda. Y añadiría: cuál era y cuál es, pues desde ya se puede sospechar con total libertad que esa demanda, cualquiera que haya sido, cualquiera que sea, no ha sido satisfecha con la desmovilización que siguió al fin del conflicto entre el Gobierno y “el campo”, después de una resolución legislativa sobre una resolución ministerial.

Descubrir, o tratar de descubrir la demanda que obró como fuerza movilizadora no prevista, que aparece como fenómeno, no es sencillo. Mucho más para quien, desde una posición de mero observador y con las únicas herramientas de su propio raciocinio, sin título habilitante, digamos, para abordar tales fenómenos, lo hace como simple ciudadano de a pie. Y esa tarea de tratar de ver la esencia del fenómeno complejo se complica aún más cuando la información que el ciudadano de a pie recibe es una errónea, o sesgada, o parcial, o estereotipada. Me refiero concretamente aquí, por supuesto, a los medios.

Vaya un solo ejemplo para ilustrar lo expresado en el último párrafo: por increíble que parezca, todavía hoy, a ocho años de acaecido el hecho significativo, muchos siguen repitiendo la muletilla de que las movilizaciones del 19 y 20 de diciembre de 2001 obedecieron a la bronca de la ciudadanía por la pérdida de los ahorros depositados en los bancos, por el corralito. Ése es el mejor ejemplo para demostrar la liviandad -deliberada o no- con que los medios masivos de comunicación tipifican, encasillan, caracterizan o disfrazan los hechos.

Si uno quiere asomarse a la naturaleza de las movilizaciones de diciembre de 2001 con una fórmula simplificadora como la que emplean los medios, habría que elegir una que abarca todo el fenómeno: fue la movilización del que se vayan todos. Fue el argentinazo que marcó un fin de época. Fue el tsunami social que gritó hasta aquí llegamos, no va más.

Desde posiciones ideológicas más apropiadas para el diálogo entre grupos duros, digamos, no está mal afirmar que el argentinazo fue la verdadera clausura de la dictadura militar (tal como lo caracterizó una periodista francesa, enviada para cubrir esa conmoción social); y tampoco está mal afirmar que fue el hundimiento del neoliberalismo en la fosa más profunda del Oceáno Pacífico, como dijo Fidel Castro en las escalinatas de la Facultad de Derecho, en aquella recordada noche porteña con perfumes de azahares revolucionarios. Pero en este momento de mis reflexiones pretendo alejarme de ese lenguaje ideológico e insistir en la misma idea pero con un lenguaje más abarcador: fue un acto de clausura, sí, pero, ¿de qué?

Y es en este punto cuando aparece la verdadera dificultad para dar la respuesta acertada una vez que uno se ha despojado de la mirada ideológica. Porque en ese hartazgo nacional y popular había demasiadas cosas, acumuladas durante muchas décadas, como para que pudieran ser fundidas todas en alguna fórmula estricta, más allá del contundente pero a la vez poco preciso que se vayan todos.

De todos modos, vale la pena el esfuerzo para alcanzar una respuesta. Pero como aquí vengo tratando un análisis de las movilizaciones del 2008, ejecutadas, llevadas a cabo por un sector social bien determinado -las capas medias urbanas-, se hace imprescindible relacionar esas mismas capas a las masas que provenientes del mismo sector social -junto con otras en aquella ocasión- lanzaban en el 2001 la consigna: Piquete y cacerola, la lucha es una sola.

¿Qué sucedió en seis años y meses transcurridos entre las movilizaciones de diciembre del 2001 y las de mayo-julio del 2008 para que esas dos capas sociales que se habían unido para lograr el alejamiento del gobierno corrupto e ineficaz de la Alianza, y con ello clausurar un ciclo histórico caracterizado por el aniquilamiento social y cultural terminaran separándose, y aun -si se quiere- enfrentándose?

La respuesta surge de suyo, solita: la existencia de la experiencia kirchnerista, que había logrado contener, de una manera imperfecta pero efectiva, a los sectores más desprotegidos de la sociedad. Si esto fue realmente así, ¿por qué se produjo la separación, y aun el distanciamiento, entre las capas populares de la ciudadanía; trabajadores y excluidos por un lado, y clases medias por el otro?
¿Por qué ese distanciamiento de las clases medias urbanas que, en términos relativos, había salido de la crisis del 2002 mucho más beneficiada por las políticas económicas llevadas a cabo por el kirchnerismo que los sectores más humildes de la población?

Ensayo una respuesta. En primer lugar, no es posible eliminar del todo como causa de ese alejamiento la prédica deletérea de los medios de comunicación, de las empresas mediáticas, al servicio de una derecha que -superada la crisis (según ellos, la crisis fue superada, lo cual no es verdad)-, veía con espanto que el gobierno desarmaba, tibiamente, las estructuras que les habían permitido usufructuar el poder real y los beneficios de la renta nacional, brutalmente distribuida a su favor. Pero así como no es posible eliminar del todo ese factor como causa, tampoco es pertinente adjudicarle el carácter de causa única, ni siquiera principal.

Aún así, esta causa obró y obra como determinante en una parte importante de la sociedad pero no en toda ni mucho menos, y fue notoriamente eficaz en dos ocasiones: una, la que nos ocupa aquí, las movilizaciones del 2008; y, dos, las elecciones de junio del 2009. Para la primera, puedo afirmar sin lugar a equivocarme, que la campaña mediática al son de la chamarrita campera, tomó desprevenida a la sociedad en su conjunto. Con las defensas bajas, digamos. Y para la segunda, por qué no admitirlo, obró a la manera del marketing comercial, dirigido a un mercado comprador de candidatos según las reglas de un consumismo muy arraigado en la sociedad, y en todas sus clases populares.

Tampoco puede descartase o no considerar como pertinente el argumento que apela a explicar el alejamiento de las clases medias del kirchnerismo a la desconformidad por las formas, sean éstas las surgidas de un modo de obrar en la comunicación, ya sea éstas surgidas de formas de obrar en los hechos mismos. Es en este punto cuando la palabra de moda, crispación, adquiere visos de adecuación, de pertinencia. No es lícito despreciar el argumento. Cualquiera que aborde el tema con imparcialidad podrá comprobar que el mismo argumento es el que, por el mecanismo contrario, acercó al kirchnerismo a significativos sectores sociales que estaban alejados del peronismo en general y del kirchnerismo en particular.

Si se hila fino, el repentino parto de Carta Abierta es la perfecta metáfora de ese fenómeno. Y si se recuerda el acierto retórico de quien, por circunstancias trágicas se ve forzado a ser escueto a la hora de expresarse, argumentó su fidelidad al proyecto del gobierno nacional con una fórmula rotunda: los enemigos. Decenas de miles de personas de diversas capas sociales adhirieron súbitamente al proyecto kirchnerista, guiados por el mismo sentimiento del diputado Rivas, o de los hacedores de Carta Abierta. La crispación de los de la vereda de enfrente. Así que este argumento de la desconformidad con las formas, de la recíproca y mutua crispación de unos y otros, no puede ser desdeñado de ninguna manera.

Y, hay que decirlo, si bien la responsabilidad por el fogoneo permanente de esa crispación es de la derecha cerril, que se ha aguarangado como jamás se vio en décadas, la responsabilidad por poner freno a ese fenómeno es, sin duda alguna, del Gobierno. Aquéllos representan intereses; el Gobierno representa a toda la nación. Y la enorme mayoría de la población, aquí y en la China, por decirlo en forma coloquial y redonda, lo último que quiere, sobre todo en tiempos de bonanza, es vivir en estado de crispación, de recelo mutuo, de insultos compartidos.

Y por último, tampoco puede nadie morigerar la importancia de otro argumento: el ético. Es verdad que la ética está devaluada en nuestra sociedad posmoderna debido a la prédica amoral de los medios masivos de comunicación los que, teniendo como objeto económico fomentar el consumismo, y como objetivo cultural adormecer a sus propios consumidores, no le hacen asco a ningún mecanismo de destrucción de valores. Pero que la devaluación de la ética esté presente en los medios no significa, ni mucho menos, que las personas corrientes, en su inmensa mayoría, no abracemos principios éticos que -a pesar de las inevitables (y saludables) adecuaciones a los tiempos- tienen vigencia universal y milenaria. Los ciudadanos corrientes pueden dividirse en partidos opuestos alrededor de cuestiones éticas novedosas, como el matrimonio entre personas de un mismo sexo, el aborto, o la propiedad privada sobre los genomas, pero hay un partidoético único alrededor de normas morales menos novedosas, tales como la condenación al robo, a la corrupción, al abuso de poder, a la soberbia del poderoso.

Amplios, muy amplios sectores de la población, sobre todo entre las clases medias urbanas, no toleran la corrupción pública desenfadada. Así se trate de un negociado en ámbitos ministeriales en el que aparecen facturas truchas; así se trate de un ordenanza que transportó media docena de macetas de cannabis en un auto oficial; tales actos son, para amplios sectores de la población, motivo de rechazo, más allá de causa de crispación, o fastidio, o simplemente hartazgo. Y hay que decir también, con total honestidad, que esa causa estuvo presente con mucho más intensidad en las duras jornadas del 2001 que ahora. Es aquí, en ese punto, donde explotaban otras consignas, más dolorosas: ¡ladrones!, golpeando los portones de los bancos, y ¡Cavallo, compadre...! en la madrugada del 20 de diciembre. Nadie olvide que Domingo Cavallo arrojó su renuncia al cielo, en esa madrugada, desde un edificio rodeado de una muchedumbre dispuesta a todo.

Por supuesto que la inmoralidad y amoralidad que ejercen los sectores privados se la condena también. Sólo a una exaltada y confundida política se le puede ocurrir beneficioso para su imagen declarar que los hijos de la señora Ernestina Herrera de Noble son nuestros hijos. El pueblo condena toda esa amoralidad, como condenó a los negociados privados que se hicieron con el fútbol, o condena los negocios obscenos que se hicieron y se siguen haciendo a través de las empresas de servicios públicos privatizados. O condena con los más duros epítetos la deslealtad de no vicepresidente Cobos. Pero, otra vez, condena con más dureza a quienes tienen la responsabilidad de mostrar, desde el Estado, en el ejercicio del Gobierno, que la ética forma parte de la gestión pública. Nadie crea sin beneficio de inventario esa muletilla de que al pueblo no le importa que se robe mientras se haga. Es falsa. El pueblo condena a un Cobos por desleal, y aprueba a un Chacho Álvarez por ético y le patea el hígado el que se aproveche del Estado para beneficio propio.


Alfredo Arri (Theodoro)


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El arreo (Primera parte)

Bitácora del ciudadano de a pie. Ensayos módicos.

El arreo. (Primera parte).

Introducción.

En los últimos días de 2008, luego de reflexionar alrededor de una cuestión compleja, acaecida en medio del conflicto entre las patronales agropecuarias y el Gobierno nacional, escribí un texto que luego decidí no publicar en mis blogs. Ese texto contenía algunas reflexiones que pretendían dar respuesta a un interrogante que no tenía entonces, ni tiene ahora, solución evidente: Cómo y por qué una movida surgida de grupos de poder económico llegó a provocar dos multitudinarias concentraciones populares en apoyo a la lucha de esos grupos de poder contra el gobierno.

Había arrancado mis reflexiones -entonces- con duros juicios de valor hacia ciertos sectores de las clases medias urbanas; y en esa parte inicial del ensayo, con una fuerte carga emotiva puesta en el mismo acto de escribir, había elegido un verbo con connotaciones peyorativas, verbo del cual uno de sus derivados daba -y da- origen al título de ese texto. A pesar de esa carga emotiva, las reflexiones me llevaron a comprender el fenómeno de un modo diverso al de la mera mirada pasional del momento, y no me avergüenza decir que llegué a elaborar una respuesta decorosa. Sin embargo, al concluir tales reflexiones, en forma paradójica, comprendí que ese verbo de ninguna manera podía ser substituido. Había quedado demostrado por los hechos mismos que esas multitudes habían sido efectivamente arreadas por los sectores patronales del poder agropecuario. Para más, dado el carácter campero de los protagonistas, el verbo era más que apropiado.

Sin embargo, fue la circunstancia de no considerar siquiera la substitución de ese verbo lo que me llevó a no publicar el texto.

Hoy, a casi dos años de iniciadas aquellas jornadas de muy alta conflictividad social y política, aquellas reflexiones no sólo no perdieron vigencia, sino que se mantienen tan en correspondencia con los hechos que se observan día a día hoy, que me permito ahora publicarlas, sin cambiar el verbo elegido, ni el título de la nota.

De todos modos, en lugar de recurrir al cd donde se encuentra el archivo de aquella nota para venir a pegarlo aquí, decidí reescribirla en su totalidad. Estoy seguro de que esta decisión me salvaguardará de los excesos de adjetivación que en el texto original seguramente deben existir.

Por último, la motivación para publicarlo ahora surgió de la lectura de un texto de José Natanson en Pagina/12 de hoy, Banana Republic. Este texto está relacionado con mis reflexiones y eso me provocó: primero, recordar ese módico ensayo y, en segundo lugar, remozarlo con nuevas reflexiones o, para ser más preciso, con nuevas construcciones discursivas.

Dicho todo esto como una suerte de introducción, paso al tema.


El porqué del verbo.

El diccionario de la Real Academia es taxativo: el verbo arrear no es aplicable a las personas, sino a las bestias. Por lo tanto, no debería utilizarlo bajo ninguna circunstancia para referirme a personas. Sin embargo, no me resigno a abandonarlo desde el momento que es el adecuado, dadas la características de quienes convocaron a esas movilizaciones populares. Éstos, como hombres de campo, habituados al manejo de las haciendas, no tuvieron ningún prurito en reunir malévolamente a esas multitudes como elemento de presión contra el gobierno para lograr un propósito tan acotado como claro: un paquete de miles de millones de dólares de renta.

En el transcurso de todo el conflicto, que duró meses y produjo un estado de ánimo en la población en general que fue el más tenso de los veintitantos años de democracia, los patrones rurales no tuvieron ningún miramiento en utilizar a esos sectores movilizados, sin detenerse, ni por un minuto, a tratar de satisfacer las demandas políticas y sociales que llevaban los ciudadanos que le dieron cuerpo a esas movilizaciones. Todo lo contrario: desde el principio y hasta el final del conflicto, trataron a esas masas populares de la misma manera como trataron toda la vida a sus peones: como una hacienda a la que se la arrea.

Los hechos que demostraron palmariamente esa actitud quienes saben de arreos de vacas y peones que tuvieron en forma unívoca los dirigentes de la mesa de enlace fueron muchos, pero dos de ellos se destacaron por su honestidad brutal. El primero fue en el propio acto del 25 de Mayo en los alrededores del Monumento a la Bandera en Rosario. En esa ocasión, asaltado por los incubos y súcubos de la tribuna de trinchera y de las multitudes exaltadas, y sin la experiencia de trinchera del político, Alfredo De Angeli soltó burdamente: Toda esta multitud, señora Presidenta, puede ser suya.

El ofrecimiento de la multitud al oficialismo si éste hacía lo que los patrones rurales exigían fue una muestra de honestidad brutal y, a la vez, de ignorancia política. La ignorancia radicaba en la circunstancia de que no eran ésas, precisamente, las multitudes que podían ofrecérsele en bandeja al oficialismo. Acertaría uno en afirmar sin rodeos que era todo lo contrario. Pero más allá de esta muestra de ignorancia política, o de no comprender cabalmente el fenómeno por ellos mismos provocado, el hecho concreto fue que el dirigente, en el fragor del discurso, ofreció a las masas convocadas. En otras palabras: consideraron que esas masas habían sido arreadas hasta allí y de la misma forma podían ser arreadas hasta donde ellos quisieran.

El segundo hecho brutal fue echar -o no permitir el ingreso, para el caso es igual- de Elisa Carrió al palco palermitano de los vencedores. En este hecho no tiene importancia alguna la circunstancia de que la presencia de la política chaqueña en ese sitio fuese nada más que una muestra de oportunismo. Lo importante es el carácter de simbólico que tuvo tal rechazo. Elisa Carrió representaba entonces y representa ahora a un sector numéricamente importante de esas clases medias urbanas, muchos de cuyos adherentes personales, sin duda alguna, habían ayudado a colmar las inmediaciones del Monumento de los españoles y las inmediaciones del Monumento a la Bandera.

Con estos hechos concretos, significativos, los dirigentes de la mesa de enlace demostraron redondamente que no les importaban, ni las masas populares convocadas, ni sus demandas políticas, ni la mismísima política. Sólo querían, en lo inmediato, quedarse con los miles de millones de dólares de renta que recuperaban al caerse la resolución 125, y en lo político mediato, que el gobierno populista de los Kirchner se debilitara sin remedio para su substitución -a su debido plazo o antes- por otro que les asegurara el retorno inmediato a la Argentina de toda la vida, es decir, a la de la Argentina exportadora de las materias primas de “el campo”, a una economía cuya característica más notoria es la evasión, la elusión, el trabajo en negro y ahora, gracias a la tecnología posmoderna de los agronegocios, a le expulsión de las poblaciones rurales hacia las periferias urbanas.

Recordaré una vez más el crudo análisis de los resultados de las elecciones del 28 de junio del 2009 que escribió en Clarin Rural el señor Huergo:

El resultado electoral es un triunfo contundente de la Argentina Verde y Competitiva. Ganó la soja. Ganó el modelo del eje Rosario-Córdoba, el nuevo centro de gravedad de la economía argentina. La sociedad entiende que no se pueden atender las necesidades de los sectores postergados, representados por el eje Matanza-Riachuelo, expoliando al interior genuinamente productivo. Como decíamos una semana atrás, no es desnudando al santo del interior como se va a vestir al santo del conurbano. Hace falta "otro modelo".

Fuente. Clarin Rural


Es tan clara la exclamación en caliente del ruralista que si le echase agua la enturbiaría.

Por supuesto que las masas populares -integradas principalmente por las clases medias urbanas- que apoyaron la movida ruralista no son bestias. Pero que fueron -objetivamente- arreadas porque fueron consideradas en todo momento hacienda negociable por los rastacueros campestres, lo fueron. Tanto fue así que esas propias masas populares, ni bien comenzaron a comprender la peregrina mezquindad de los promotores de esas marchas, fueron abandonándolos. Sin prisa, pero implacablemente. La última convocación de la mesa de enlace, también en Palermo, fue un rotundo fracaso. Y fue patético el magro espectáculo, además. Ahí estaban, en la platea vip del show, los personajes más oscuros de la política, la intelectualidad y la farándula de Argentina.


Alfredo Arri (Theodoro) Segunda parte: AQUI

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